El fútbol siendo el deporte nacional y mundial por excelencia y un lenguaje universal que se habla en toda la tierra, siempre ha estado considerado con un deporte del pueblo llano, habiendo otros deportes más elitistas como el golf o el tenis, sirva la anécdota de una reunión empresarial donde los altos directivos juegan al golf, los jefes intermedios juegan al tenis y los obreros juegan al fútbol, es la teoría de “a menor tamaño de pelota más estatus social”, podemos preguntar a alguien: ¿Tú con que pelota juegas? y en función de la respuesta ver si tiene más o menos glamour o nivel social. Aunque todos conocemos a futbolistas que han alcanzado un nivel de glamour similar a estrellas de cine y casi todos los jugadores de clubes importantes llevan un nivel de vida que ya muchos quisiéramos, pero eso sólo ocurre en el fútbol de élite. No olvidemos que el buen futbolista debe ser capaz de controlar un balón, decidir que va hacer y ejecutar la acción en décimas de segundo y siempre elegir la mejor solución entre las posibles, lo que es sinónimo de inteligencia, el fútbol requiere tanta o más inteligencia que otros deportes considerados de más estatus social. La inteligencia no va siempre unida a la cultura, entendiéndose inteligencia como la capacidad de resolver situaciones y problemas, por ejemplo los que se plantean en un partido de fútbol y la cultura es un conjunto de conocimiento de diversa índole. Dicho esto, podemos desterrar el que los niños que juegan al fútbol son brutos y de clase social media y los que practican otras actividades más “finas” son inteligentes y de mayor clase social.
Autor: J. Fran. Vergara